Malditos misóginos

Malditos misóginos

 

Celebrando el día de las escritoras.

 

Sabina Berman

 

En ese país remoto y pequeño que siempre será la Guyana Latina, sucedió que se publicó en un periódico un airado artículo acusando a la Academia Nacional de la Letras de no tener miembros femeninos. “Malditos misóginos”, se titulaba el artículo sin firmar.

 

El Presidente de la Academia se sintió herido en su honor. En dos siglos, jamás su noble institución había sido acusada de algo, así que en una sesión plenaria propuso votar sobre los méritos de la acusación:  ¿Es nuestra academia culpable de discriminar a las literatas mujeres?

 

102 votos resultaron por el NO. Uno solo resultó por el SÍ.

 

El Presidente pidió que quién había votado SÍ se explicara. Una mujer centenaria se alzó de su curul, y menudita como era, de pelo perfectamente blanco, dijo:

 

–Miren a su alrededor, caballeros. Acá están sentados cien hombres y solo tres mujeres, de las cuales una, yo misma, soy mamá del Presidente de la Academia, otra es esposa de un miembro, y la tercera en realidad no escribe, y es un misterio de quién es amante.

 

102 pares de zapatos se movieron de lugar, incómodos.

 

–Por lo tanto—dijo la mamá del Presidente–, yo insisto, son ustedes unos malditos misóginos.

 

102 resuellos sonaron a un tiempo. Era conocido que la mamá del Presidente no perdía la oportunidad de humillar a su hijo, y en especial en público. Legendaria era por ejemplo la ocasión en que leyó ante el pleno un largo relato llamado “Por qué nunca tendré hijos”, a pesar que su hijo presidía la sesión.

 

Para alarma general el presidente tomó en cuenta las palabras de la académica (su mamá), y pidió a continuación que los académicos propusieran nombres de escritoras excelentes, para que fueran admitidas en la Academia. La quietud se instaló en el aula magna, apenas se escuchaba el dulce roncar de un académico nonagenario, hasta que el mayor ortógrafo del país, un señor de lentes redondos y gruesos como lupas, se alzó de golpe y dijo con aire valiente:

 

–No hay escritoras excelentes. Punto y aparte. Eso por supuesto es un contratiempo contra la equidad, coma, y sería espléndido y justo que las hubieran, punto y coma, pero yo no he leído a una sola escritora en mi vida. Punto final. Corrijo: a ninguna escritora excelente o no.

 

Los que pensaron que así se cerraba el asunto, se equivocaron. Un mes más tarde aparecieron sobre las mesillas de los curules unos cuadernillos de literatura femenina. Mujeres muy conocidas (en la Guyana Latina) habían sido invitadas por el presidente a escribir sobre “La misteriosa experiencia de ser mujer.” Era una colección de plumas variopintas: actrices, una campeona de atletismo, dos reinas de belleza, conductoras de televisión y una cocinera Cordon bleu. Si bien faltaban escritoras profesionales, no era por mala fe: como se dijo antes, ningún académico conocía a ninguna literata, conocida o no, y aunque el cuadernillo estaba ilustrado con fotografías de mujeres en ropa interior de encaje, (una sutil coartada del presidente para enganchar el interés de los académicos), lejos de despertar el entusiasmo, descartó para siempre la peregrina idea de que hubieran escritoras excelentes en la Guyana Latina, y eso por las razones que a continuación se enlistan.

 

16 textos se descalificaban porque eran de señoras quejándose del gastado y odioso tema de la misoginia. 4 porque eran ilegibles. 7 porque trataban de temas irrelevantes para las grandes letras, como cocinar camarones al ajillo, el cuidado de los niños, la piedad y las glándulas mamarias, etc. 3 porque eran groseros actos de travestismo: escritoras escribiendo como si fueran hombres de temas de hombres. Y uno porque era francamente inverosímil: trataba de un cuarto oscuro donde unas lesbianas fornicaban, sin contar con falos, siquiera postizos.

 

Con todo, en un acto dictatorial, el presidente impuso el ingreso a la Academia de varias de las autoras del cuadernillo. Y es así  como la Academia de las Letras de la Guyana Latina alcanzó, si no la paridad, sí algo mucho más cercano a la paridad de género. Hoy día existen 100 académicos y cuatro académicas. (La amante del Presidente se cambió a la Sociedad de Vinicultores de la Guyana Latina y la mamá del Presidente renunció, a decir de ella: “Hastiada de los malditos misóginos”.

 

 

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