La cuestión del género en la justicia

La cuestión del género en la justicia

Sabina Berman

México D.F. (Proceso).- Parece que el presidente Peña Nieto no encuentra uso para la equidad de género. Entre los candidatos propondrá al Senado para llenar las dos vacantes en la Suprema Corte de Justicia no existe una sola mujer.

¿Qué importa si al retirarse la magistrada Olga Sánchez Cordero queda una sola mujer en la Corte? ¡Una sola mujer entre once magistrados! ¿Qué importa si en contraste las mujeres somos el 51% de la población?

Lo primero que hay que decir es que no se trata de llenar una cuota de mujeres para darles trabajo a más mujeres. Se trata de algo de mayor trascendencia: se trata de garantizar que en el tribunal supremo de la nación el punto de vista femenino exista suficientemente representado.

¿Para qué? Bueno, resulta que existen en la sociedad temas femeninos.

Temas relativos a la sexualidad femenina, por ejemplo. Como el aborto. Como la contracepción. Como la maternidad. Como la violación. Como la esclavitud sexual. Cierto, algunos de ellos teóricamente no femeninos y sin embargo en los hechos casi absolutamente femeninos.

Y existen temas relativos a la familia, por ejemplo. Como los vinculados a la educación y a la salud de los niños. A las pensiones y la asistencia médica de los ancianos. O a los cuidados del hogar. Otra vez, temas en la teoría no exclusivos de las mujeres y sin embargo en la práctica casi completamente atendidos por las mujeres.

Y por fin existen temas que derivan del tránsito de nuestra sociedad de una ideología patriarcal a una ideología de la diversidad. Como la discriminación de las minorías y las medidas para combatirla. O como los derechos humanos, que tan urgentemente debemos proteger en México. Y a riesgo de cansar con la reiteración, reitero por última vez que son temas que en la práctica atañen directamente y sobre todo a la cotidianidad de las mujeres.

Es verdad, supuestamente un juez puede comprender los temas antes dichos, y de cierto es seguro que lo intenta, que se informa al respecto, que reflexiona al respecto, que interroga a los afectados al respecto.

Pero no es casual que hasta el advenimiento del feminismo en la tercera cuarta parte del siglo pasado, ninguno de estos temas fue de trascendencia en las cortes supremas del mundo. Fueron las mujeres las que los llevaron a las cortes y fueron las mujeres magistradas las que dentro de las cortes giraron los veredictos sobre ellos.

Precisamente la magistrada Olga Sánchez Cordero es un ejemplo vivo de lo crucial que es que una mujer liberal haya participado en nuestra Suprema Corte de Justicia las últimas décadas.

En una entrevista que le realicé en el año 2009, Olga Sánchez Cordero narró cómo su experiencia de mujer cambió el voto de la corte sobre la interrupción del embarazo.

El asunto estaba mitificado entre la mayoría de los jueces, como lo está en la mayoría de los hombres. Citaban a santos de la Iglesia Católica en sus argumentos. Repetían esa noción mítica de que toda mujer embarazada desea en el fondo de sí al feto que alberga, no importa si es producto de una violación o de un accidente. Y dramatizaban la misma operación del aborto y sus consecuencias: un trauma lo llamaban, un suceso sangriento que causa terribles arrepentimientos y pone en peligro la maternidad posterior de quien aborta.

La magistrada puso aparte la jurisprudencia y a los santos y a las fábulas urbanas y habló a los otros magistrados en primera persona. Habló de su propia experiencia y la de sus hijas. Qué se siente albergar en el vientre un embrión no planeado y no deseado. Cuánta violencia hay en que una mujer sea enajenada de su cuerpo por las leyes del Estado. Cuántas mujeres arriesgan la vida al abortar en lugares clandestinos cuando la ley impide que lo hagan en lugares higiénicos y eficaces. Cuáles son las consecuencias verdaderas de ir con un médico, a una clínica higiénica, y abortar: ninguna consecuencia: la fertilidad de una mujer no se daña en un aborto bien realizado.

Y la narrativa personal de la magistrada viró en efecto el voto de la corte: la corte determinó la constitucionalidad de las reformas que despenalizan la interrupción del embarazo en el Distrito Federal antes de la semana 12 de embarazo, y acá a la capital asisten mujeres de toda la República a decidir sobre su maternidad.

Olga Sánchez Cordero fue así mismo crucial en cada una de las votaciones referentes a los ante dichos temas femeninos. Hizo sentir su influencia también en cada una de las votaciones sobre temas que atañen a las minorías sexuales y étnicas y a los derechos humanos. En especial su voz inclinó la balanza en la legalización de los matrimonios de personas del mismo sexo en todo el país.

Pero si su historial revela cómo sí hace una diferencia cuando las mujeres están representadas en la Corte, al mismo tiempo transparenta que todavía los temas de mujeres han sido tratados como los de una minoría –una minoría misteriosa y mitificada–.

Es decir, dos magistradas han estado lejos de ser suficientes en la corte. Lo deseable serían cinco o seis. Y por tanto lo deseable sería que el presidente presente a solo mujeres como candidatos a las vacantes.

Parece ser que eso no sucederá. Como escribo en un inicio. la cuestión de género en relación con la justicia es una idea que le es remota. Así que bajando del peldaño de lo deseable al de lo práctico, sería aconsejable que las mujeres y los hombres progresistas objetaran el retroceso que está por consumarse en la Suprema Corte de Justicia, que se quedará con una sola y solitaria jueza en el club de Toby de la justicia.

http://hemeroteca.proceso.com.mx/?page_id=278958&a51dc26366d99bb5fa29cea4747565fec=411089

 

 

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